Una piel sana necesita

un cuidado diario

Piel limpia

La piel tiene que estar limpia para funcionar correctamente. Debe estar libre de polvo, suciedad, sudor, células muertas y cualquier otro residuo que le impida respirar. En las ciudades especialmente, el aire contaminado puede bloquear los poros, mientras que el humo o las partículas aéreas pueden saturar el sistema de desintoxicación de la piel. Sin embargo, si se lava demasiado a menudo con jabón puede quedar seca e irritada. Además, los productos con mucho perfume pueden provocar reacciones alérgicas e irritaciones graves. Independientemente de los productos que elijas según tu tipo de piel, estos deben estar especialmente formulados para proteger, hidratar y equilibrar el pH natural de tu piel.

Piel hidratada

Una piel sana es una piel bien hidratada. Tu piel dispone de factores naturales de hidratación y su estructura evita que el agua se evapore. Sin embargo, los climas secos o con exceso de aire acondicionado pueden deshidratar la piel. Sea cual sea el entorno, puedes cuidarla hidratándola de forma regular con productos que estimulan la hidratación natural de la piel.

Piel protegida ante los factores medioambientales

Si proteges tu piel de los factores medioambientales, evitarás la deshidratación y otro tipo de daños. Puedes protegerla, por ejemplo, con bálsamo labial al esquiar o abrigándote bien durante el invierno. En verano, exponerse a los rayos ultravioletas del sol puede causar deshidratación, quemaduras, arrugas, pigmentación, producción de radicales libres e incluso daño en el ADN. Por todo esto, asegúrate de usar protección solar y de llevar sombrero.

Cuida tu piel

La piel refleja el estado general de salud de tu cuerpo, es por eso que un estilo de vida saludable contribuye a la salud de tu piel. Se recomienda realizar ejercicio de forma regular para impulsar la circulación y para mejorar el aporte de oxígeno y nutrientes, una dieta equilibrada rica en vitamina A y ácidos grasos Omega-6 y beber gran cantidad de agua. También supone dejar atrás malos hábitos como fumar o el consumo excesivo de alcohol, además de dormir bien y, en la medida de lo posible, reducir los factores de estrés.

Evita las agresiones externas

Si tienes la piel sensible, ciertos agentes externos como la lana y las prendas delicadas o determinados alimentos, pueden causar reacciones. El contacto directo con los ingredientes irritantes y químicos presentes en los jabones, detergentes, cosméticos y colorantes pueden provocar dermatitis por contacto y otras enfermedades. Una vez que conozcas el motivo de estas reacciones, será el momento de buscar una solución para evitarlas.

Consulta con tu médico

Si tu piel sensible afecta a tu calidad de vida, deberías consultar a un dermatólogo.